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Através das suas principais instituições, a União Europeia (UE) tem sido, no contexto de muitos Estados-Membros (EM), entre os quais Portugal, a principal promotora de ações a favor da integração dos Ciganos – termo preferencialmente adotado pelo autor, alternativo ao termo ‘Roma’; ambos os termos agregam membros de diferentes comunidades, dispersas e heterogéneas, formando o que se considera ser a maior minoria étnica da Europa, composta por 10-12 milhões de pessoas, a maioria das quais cidadãs de EM da UE.

Apesar da heterogeneidade amplamente reconhecida, os vários grupos de Ciganos partilham certos traços socioculturais e enfrentam desafios similares na sociedade. Entre esses desafios, aponta a Comissão Europeia que muitos Ciganos sofrem de discriminação, exclusão social e de um acesso deficitário a cuidados de saúde, habitação, educação e emprego. A sua participação na sociedade, nestes e noutros domínios, é manifestamente reduzida, verificando-se dificuldades acentuadas no caso de muitas mulheres e meninas ciganas, vítimas de discriminação múltipla, também no interior das suas comunidades [1].

Perante esta realidade, algumas entidades supranacionais têm assumido um papel fundamental na resposta a estes desafios. Entre essas entidades encontra-se a UE, cuja sensibilidade relativamente a estas questões despoletou essencialmente no final dos anos 90 e no início do novo milénio, em virtude do processo de alargamento aos Estados do Leste Europeu [2]. Neste contexto, a UE tornou-se num ator chave com a adoção da Década para a Inclusão dos Ciganos (2005-2015), na qual participaram apenas alguns EM e candidatos à União [3].

No entanto, porque as problemáticas acima assinaladas se têm mantido nos diversos EM, as principais instituições da UE acentuaram os seus esforços em prol da integração dos Ciganos no início da última década. Neste sentido, desafiaram os EM a adotar Estratégias nacionais que favorecessem a integração dos Ciganos e subscrevessem ações e objetivos em domínios fundamentais (emprego, educação, habitação e cuidados de saúde), não deixando de assinalar, como domínio transversal, a importância da proteção contra a discriminação e, em particular, contra a desigualdade de género [4].

Após aprovação desta ‘Estratégia comum’, a Comissão Europeia manteve a sua influência sobre os planos de integração nacionais, ao apoiar e acompanhar a sua execução. Contudo, e pese embora reconheçamos a importância da ação da União nesta matéria, entendemos sublinhar – como faz a Comissão Europeia - que a integração das comunidades ciganas deverá ser uma responsabilidade assumida primordialmente pelos EM.

Do mesmo modo, dinamizados pelos EM, os planos de integração devem privilegiar uma atuação de proximidade e de consideração das circunstâncias locais, adotando medidas e ações localizadas.

No mesmo sentido, é de salientar a necessidade da participação da sociedade civil a um nível local, em particular, a participação de Ciganos, cujo envolvimento permite alcançar maior sucesso e efetividade nas ações de integração locais [5].

Posted by Daniel Fernandes Gomes. NOVA University of Lisbon, School of Law.


Notes:

[1] Inter alia Comissão Europeia, ‘Estratégias Nacionais de Integração Dos Ciganos: Um Primeiro Passo Para a Aplicação Do Quadro Da UE’ (Bruxelas: Comissão Europeia, 2012), http://eur-lex.europa.eu/legal-content/PT/TXT/PDF/?uri=CELEX:52012DC0226&from=PT

[2] Peter Vermeersch, ‘Reframing the Roma: EU Initiatives and the Politics of Reinterpretation’, Journal of Ethnic and Migration Studies, 38.8 (2012), 1195–1212 (pp. 1195–1200).

[3] Sobre a Década para a Inclusão dos Ciganos, vide inter alia Christian Brüggemann e Eben Friedman, ‘The Decade of Roma Inclusion: Origins, Actors, and Legacies’, European Education, 49 (2017), 1–9.

[4] Inter alia, Comissão Europeia, ‘Estratégias Nacionais de Integração Dos Ciganos: Um Primeiro Passo Para a Aplicação Do Quadro Da UE’.

[5] Neste sentido, inter alia Comissão Europeia, ‘Relatório de 2015 Sobre a Aplicação Do Quadro Europeu Para as Estratégias Nacionais de Integração Das Comunidades Ciganas', pp. 2, 8–9 http://www.europarl.europa.eu/meetdocs/2014_2019/documents/com/com_com(2015)0299_/com_com(2015)0299_pt.pdf.

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Recientemente, el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, afirmó que “la auténtica frontera de Europa está entre los progresistas y los nacionalistas”. Mediante esta afirmación, Macron se confirma como agente politizador de la integración europea, en la medida en que aplica los ejes con los que se lee habitualmente la política nacional el escenario europeo. En plena crisis de popularidad por el aumento de la preocupación pública por la desigualdad, durante su primer año de presidencia el presidente francés busca afirmarse como auténtico progresista por su apoyo a la integración europea mientras que la preocupación por la desigualdad entre sus rivales sería incompatible con posiciones, por definición, conservadoras por nacionalistas.

En términos más generales, podríamos pensar que Macron solamente está intentando capitalizar a nivel doméstico su popularidad y éxitos internacionales, especialmente el inicio de conversaciones sobre la reforma de la eurozona. Sin embargo, hay un elemento más estructural: Macron necesita enfatizar la dimensión político – ideológica de su compromiso europeo para afianzar la línea de fractura que surgió de la última elección presidencial. El actual juego político en Francia opone a una fuerza pro-europea supermayoritaria -pero dividida internamente por oposiciones entre izquierda y derecha- al eurófobo Frente Nacional, que también tiene interés en sustituir la competición entre derecha e izquierda por una entre ganadores y perdedores de la europeización y la globalización. La frágil agrupación en torno a un programa europeísta no es la única reacción que se provoca entre las fuerzas pro-europeas. La gran coalición en Alemania es otro ejemplo de reducción de la competición entre izquierda y derecha pro-europea. En los casos de Austria, Países Bajos e Italia, las fuerzas conservadoras tradicionalmente pro-europeas han moderado dramáticamente su compromiso europeísta asumiendo como propias algunas de las críticas de sus rivales.

Parece, por lo tanto, que la politización de la integración europea es una realidad imposible de ignorar. Dicha politización plantea un gran número de interrogantes académicos y de dilemas políticos. Aquí nos limitaremos a plantear tres preguntas: ¿existe un único o varios modelos de politización? ¿La politización de la UE tiene efectos para su gobernanza? ¿Es o puede ser beneficiosa para el proyecto europeo?

Conviene señalar, en primer lugar, que el tipo de politización que se ha descrito más arriba es reciente y se produce a nivel nacional. Es lo que algunos denominan politización ejecutiva en la medida en que se produce en torno a las disputas por el gobierno nacional. Esta politización contribuye con toda seguridad a introducir los asuntos de la UE entre las preocupaciones de actores políticos y ciudadanos, pero contribuye relativamente poco a que la gobernanza de la UE sea resultado de la confrontación entre diferentes visiones de Europa, sino que puede contribuir a reforzar el choque de intereses nacionales, como sucedió durante la crisis del euro o la actual crisis migratoria. Esta politización puede además agravar los problemas de legitimidad de la UE al fomentar la adopción de soluciones nacionales sobre asuntos que los gobiernos nacionales no pueden adoptar de forma soberana, como sucedió con el referéndum griego de 2015 o en la actual negociación del Brexit. Existen modos complementarios o alternativos de este tipo de politización de la UE: la politización transnacional y una politización centrada en el espacio público. En ambos casos se enfatiza que la politización de la UE se produzca en el mismo nivel en el que se aplican y se pueden reformar sus políticas: el transnacional.

Estos modelos se relacionan directamente con la segunda pregunta. La creciente politización de los asuntos europeos se percibe desde las instituciones como una amenaza para la integración europea porque es fuente de desconfianza o desapego con la UE. Pero cabe preguntarse por qué se sorprenden las instituciones de la desconfianza o el desapego: contrariamente a las predicciones sobre la entrada de la UE en una época en la que la politización de las instituciones europeas limitaría su margen de maniobra, un lustro de movilizaciones contra la austeridad y la gobernanza del euro apenas han tenido efectos en las políticas de la UE en esta materia. Parece que estamos en una situación que, según la profesora Vivien Schmidt, se caracteriza por una politización nacional sin capacidad de modificar las políticas, mientras que a nivel comunitario se adoptan políticas sin apenas debate. Un escenario en el que la expresión de las críticas no cambia apenas la conducta de los actores a los que se dirigen. Ello parece hacer ver a los críticos con la UE que no hay otra solución que la salida. Todo esto parece confirmar que la UE sufre por la falta de una leal oposición que, aceptando las reglas del juego, tenga opciones reales de influir en la formulación de políticas y ser una alternativa.

Finalmente, hay que abordar la cuestión normativa de si la creciente politización debe suponer una preocupación para los europeístas. Quizá la principal motivación de esta pregunta es que se asume que la politización cuestiona la principal regla del juego comunitario, la cultura del consenso: la política es conflicto y sería por lo tanto letal para un proyecto que se basa en la armonía. Sin embargo, cabe aquí recordar con Chantal Mouffe que en democracia la competición política permite un modo de conflicto compatible con el respeto por los adversarios. En este sentido, quizá sea época de dejar de concebir la UE como una unión diplomática que deja los conflictos en casa y pensar que los ciudadanos y actores políticos de Europa ya confiamos lo suficiente los unos en los otros para pensar que tal proyecto de reglamento no busca “destruir la agricultura española o la industria holandesa”, sino que refleja las prioridades políticas de sus promotores.

Todo ello debería llevar a unas reglas del juego que faciliten el cambio de políticas con mayorías menos cualificadas, a que las instituciones justifiquen sus políticas mediante la apelación a la mayoría según su visión política y no a un etéreo interés comunitario y a que, junto con los actores ejecutivos, se tenga en cuenta la voz de la opinión pública y la sociedad civil. Todo ello nos debería llevar a reducir el papel de los ejecutivos nacionales y sus heroicas noches de negociación sobre la UE.

Luis Bouza. Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Ho passato gran parte della mia vita a criticare l’Unione Europea. Perché non sfrutta fino in fondo le sue potenzialità a causa di un sistema istituzionale ancora incompleto e inadeguato. L’UE è una incompleta res publica europea ed è la miglior carta a nostra disposizione per difendere i nostri interessi e valori e provare a governare la globalizzazione. Come studioso e come cittadino ho quindi sempre propugnato la trasformazione dell’UE in una vera federazione. Ma mai come in questo periodo appare chiaro quanto siano utili le istituzioni europee, nonostante la loro incompletezza e quindi relativa debolezza.

Siete preoccupati perché Salvini minaccia dazi? Tranquilli, da un lato non è una competenza del ministero degli interni, dall’altro non è una competenza del Governo italiano! Perché la politica commerciale è una competenza esclusiva dell’UE. Così ci pensa Juncker a volare da Trump a disinnescare la guerra commerciale. Almeno per un po’, vista l’imprevedibilità di Trump. Di certo il Presidente della Commissione – ingiustamente attaccato dai sovranisti come ubriaco al vertice Nato, mentre semplicemente sofferente per un attacco di sciatica – è l’unico leader occidentale che negli ultimi tempi è riuscito ad avere un incontro con esiti chiaramente positivi con il Presidente americano.

Ritenete che tra i compiti delle istituzioni pubbliche vi sia anche di far pagare le tasse a tutti, ivi comprese le multi-nazionali, e sanzionare i loro comportamenti che abusano delle posizioni di monopolio? Siete preoccupati della deriva del governo tra condoni spacciati per “pace fiscale”, e la voglia di estendere la mano pubblica sull’economia attraverso la Cassa Depositi e Prestiti e altre politiche stataliste? Ci pensa la Commissaria Vestager a chiedere ad Apple di pagare 13 miliardi di tasse, o a multare google per 4,3 miliardi per abuso di posizione dominante.

Ritenete che per rilanciare l’economia servano investimenti e temete che le scelte del governo su TAV, TAP, Ilva, ecc. possano scoraggiare gli investitori? Per fortuna l’Italia risulta il 2° beneficiario del Piano Juncker di investimenti, che è gestito centralmente. Mentre le amministrazioni pubbliche italiane non riescono nemmeno a usare i fondi europei – altro che fare deficit per sostenere gli investimenti!

La situazione geopolitica intorno all’Europa è sempre più preoccupante e gli Stati europei per decenni sono stati incapaci di fare progressi nell’integrazione sulla difesa. Ma l’Alto Rappresentante e Vice-Presidente della Commissione Mogherini, contro tutte le aspettative, è riuscita a far creare il Fondo Europeo per la Difesa e a usarlo come incentivo finanziario per far partire la Cooperazione Strutturata Permanente sulla Difesa. Un primo passo, timido e insufficiente, ma fondamentale proprio perché il primo, che ha sdoganato l’utilizzo di uno strumento inserito nel Trattato di Lisbona e mai utilizzato in precedenza.

Temete che i modi un po’ bruschi di Salvini ci isolino dagli altri Paesi lasciandoci ancora più soli? Ci pensano Juncker e il commissario alle migrazioni Avramopoulos ad occuparsi della cabina di regia per coordinare gli sforzi sul fronte accoglienza e gestione dei migranti ed evitare problemi sempre maggiori.

Vi sembra che lo slancio riformatore di Macron non abbia trovato sponde adeguate in Germania e che l’UE sia sempre paralizzata dall’assurda e non democratica regola dell’unanimità? Ecco in soccorso la strategia di Juncker verso il Consiglio Europeo di Sibiu, nel cui quadro, secondo il Commissario Hahn, la Commissione proporrà il passaggio al voto a maggioranza qualificata su 40 competenze, a partire dal discorso sullo stato dell’Unione di Juncker il prossimo autunno. E con la Commissione da sempre a favore di una capacità fiscale e di prestito, gestita da un Ministro del Tesoro europeo, oltre che al completamento dell’unione bancaria.

Siete consapevoli dei rischi per l’Italia quando finirà il Quantitative Easing della Banca Centrale Europea che negli ultimi anni ci ha protetti dai mercati finanziari e temete che le promesse elettorali di Di Maio e Salvini ci portino alla bancarotta? Temo che la speranza meglio riposta sia nel Presidente della Repubblica da un alto, e nel fatto che la BCE continui a fare “whatever it takes” per preservare l’unione monetaria e la nostra partecipazione ad essa, cioè i nostri redditi e risparmi.

Siete preoccupati della deriva autoritaria in Polonia con il tentativo di mettere sotto il controllo dell’esecutivo tutto il potete giudiziario, e del fatto che gli Stati membri non diano seguito alla richiesta della Commissione di sanzionarla? Ci pensa la Corte di Giustizia dell’UE a stabilire, di fronte ad una richiesta di una Corte irlandese, che tale Corte può valutare se esiste ancora la possibilità di un giusto processo in Polonia e quindi procedere all’estradizione di un cittadino polacco a seguito di un mandato di arresto europeo o se rifiutarla, per la violazione dello stato di diritto in Polonia.

Siete infuriati con il deputato M5S che passa la vita in barca a vela e per la straordinaria inoperosità del Parlamento italiano in questa legislatura? Date un’occhiata al sito del Parlamento Europeo, al suo calendario di lavori, alle proposte legislative in discussione, ecc. e capirete in quali sedi davvero avvengono le decisioni legislative. E perché il Parlamento italiano può anche sonnecchiare.

Siete stupiti che una volta al governo i campioni della trasparenza non abbiano pubblicato sui siti istituzionali nemmeno i nomi dei loro staff? Date un’occhiata al sito della Commissione europea per capire che cos’è davvero la trasparenza, inclusi tutti gli incontri con lobbisti o persone portatori di interessi settoriali. Qualcosa di inimmaginabile in Italia, nonostante molti accusino l’UE di essere opaca e distante.

Avete seguito seppur vagamente il processo della Brexit e vi siete resi conti che si tratta di una incredibile follia che ha già portato il Regno Unito dall’essere uno dei Paesi europei che cresceva di più a quello che cresce di meno in assoluto, e a dover temere di fare scorte alimentari e di medicinali? Pensate cosa attenderebbe l’Italia fuori dall’Unione, o in un’UE de-strutturata come sogna Salvini.

E tutto questo senza che l’UE sia (ancora?) un sistema pienamente federale. Ma è già un sistema di governo multi-livello senza il quale sarebbe impossibile affrontare i grandi problemi e gestire il livello di interdipendenza che ormai esiste nella società e nel mercato europeo. E tutto ciò ci mostra in che direzione andrebbero le politiche di un governo federale, e di quanti maggiori benefici potremmo godere, se solo portassimo a compimento il processo di unificazione europea.

@RobertoCastaldi

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La vicenda è nota: la Ue ha deciso di comminare a Google una multa da 4,3 miliardi di euro per abuso di posizione dominante.

L’economista austriaco Joseph Alois Schumpeter ha scritto interi volumi per spiegare che solo l’innovazione crea crescita, proprio tramite il temporaneo allontanamento da una posizione di concorrenza, ossia dalla creazione di una posizione di monopolio (quella definita “dominante”) che permette di remunerare lo sforzo innovativo; e che quindi essa non va punita ma sostenuta, aiutata a manifestarsi e trovare sul mercato le risorse finanziarie atte a garantirla. Perché se non ci fosse l’aspettativa di poter sfruttare un monopolio, e quindi profitti in misura superiore alla remunerazione media di mercato, nessuno avrebbe incentivi ad investire.

D’altronde, come Schumpeter stesso ricordava, l’innovazione e la posizione di monopolio che ne consegue dovrebbero essere riassorbite una volta che altri si appropriano delle tecnologie ed entrano sul mercato, diminuendo i margini di (extra)profitto iniziali, fino a quando diventa “common knowledge”.

Questa dovrebbe essere la valutazione da compiere ogni volta che siamo in presenza di un monopolio generato da innovazione: se sia garantita la libertà di altri concorrenti di entrare sul mercato. Naturalmente, decidere se la “posizione dominante” è dettata dallo sfruttamento dell’innovazione o da altri comportamenti atti ad escludere o ritardare l’ingresso di altri concorrenti sul mercato è questione difficile, ed essenzialmente politica.

Ed è qui che s’innesta la considerazione più interessante per il caso in oggetto. Ha perfettamente ragione Trump (o almeno lo speriamo vivamente): questa multa è (si auspica) il segnale di una risposta politica dell’Unione Europea al comportamento protezionista della nuova amministrazione Usa. Mentre gli Usa si possono sbizzarrire ad imporre dazi sui vari beni e servizi che importano dal resto del mondo, Unione Europea compresa, tra i pochi beni davvero importanti che in Europa importiamo dagli Usa ci sono proprio le tecnologie. Ed è una partita da milioni di euro/dollari, che oltretutto veicola altre battaglie strategiche per la sicurezza e la privacy dei cittadini. La “guerra dei dazi” si può insomma articolare in vari modi… non necessariamente con l’imposizione di dazi.

La questione semmai è un’altra. Cancellato ormai dalla storia (e dalla entità colossale degli investimenti necessari a sostenerne i settori e le innovazioni strategiche) il sovranismo digitale a livello di micro-Stati quali sono quelli europei (le grandi partite si giocano oggi fra Usa, Cina, India e recentemente anche Russia), si tratta di capire adesso se oltre a clamorosi gesti di natura tecnica e pubblicitaria (la multa a Google), la Ue sarà anche in grado di esprimere una politica di difesa, sostegno e propulsione dell’industria delle piattaforme digitali, sulle quali si gioca gran parte della competizione globale oggi e nel prossimo futuro. Con quali risorse (che ad oggi non esistono) intende farlo (magari con i soldi incassati dalla multa?); con che tipo di governance (se la solita logica intergovernativa, diplomatica, di semplice cooperazione volontaria fra governi che ha mostrato tutta la sua inefficienza; oppure con un governo effettivo)?

Questa è la vera domanda che ci dobbiamo oggi porre, per evitare che la multa a Google sia una semplice operazione di difesa della concorrenza (ottima, per carità, ma probabilmente tardiva e tutto sommato di scarsa rilevanza) o invece, come ci suggerisce Trump, un’operazione squisitamente politica volta a scalzare il monopolio Usa sui sistemi operativi degli smartphone e su tutto ciò che gira intorno ad essi.

Perché fosse solo una manovra tecnica, per quanto apprezzabile (nella difesa della concorrenza, dove le competenze sono state pienamente spostate dagli Stati nazionali all’Unione, la Ue funziona eccome), ci esporrebbe semplicemente al rischio di ulteriori ritorsioni commerciali americane. E il pericolo (tanto per cambiare) è che a pagare il conto di tutto questo, alla fine, sarebbe il semplice cittadino-consumatore europeo.

Posted by Fabio Masini

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